¿Qué ocurre con las mascotas cuando fallece su dueño?

Esta relación también ha quedado grabada en el imaginario colectivo gracias a historias como la de Hachiko, un perro de raza Akita Inu que, tras la muerte de su dueño, siguió esperándolo cada día en la estación de Shibuya, en Japón. Su historia, conocida en todo el mundo también gracias al cine, sigue siendo un símbolo de fidelidad y apego. 

Hachiko no es el único ejemplo de la fuerza del vínculo entre una persona y su mascota. En la vida cotidiana, muchos propietarios cuentan cómo sus perros o gatos parecen notar la ausencia de alguien con quien han compartido gran parte de su vida. 

Pero ¿qué ocurre realmente cuando fallece su dueño? ¿Son capaces los animales de percibir esta pérdida? Y, más allá de los cambios emocionales y de comportamiento, ¿quién se ocupa de ellos cuando su persona de referencia ya no está? 

¿Sufren las mascotas cuando fallece su dueño? 

Comprender cómo viven los animales la muerte de una persona es complejo. No podemos saber con certeza hasta qué punto comprenden la muerte y su carácter irreversible, ni podemos atribuirles exactamente las mismas emociones que experimentamos los seres humanos. Sin embargo, esto no significa que no se vean afectados por la pérdida de una persona con la que han establecido un vínculo importante. 

Algunas investigaciones científicas han analizado los cambios de comportamiento observados en perros y gatos tras la muerte de otro animal con el que convivían. Los resultados muestran que pueden producirse variaciones en sus hábitos cotidianos, el sueño, la alimentación y la búsqueda de contacto. Estos estudios no demuestran directamente cómo reaccionan los animales ante la muerte de su dueño, pero sugieren que la pérdida de un compañero significativo puede influir en su comportamiento. 

La muerte del propietario también puede suponer la pérdida repentina de referencias fundamentales: la persona que les daba de comer, los sacaba a pasear, jugaba con ellos o simplemente estaba presente durante el día. 

Por esto motivo, cuando un animal pierde a su principal figura de referencia, es importante prestar atención a los cambios que manifiesta y ayudarlo a adaptarse a la nueva situación. 

¿Cómo manifiestan los perros y los gatos su malestar? 

Cada animal reacciona de manera diferente ante una pérdida. La edad, el carácter, la relación con su dueño y los cambios que se producen después del fallecimiento pueden influir en su comportamiento. Por tanto, no existe una única reacción válida para todos. 

Entre las señales que pueden aparecer se encuentran las siguientes: 

  • Cambios en el apetito: el animal puede comer menos de lo habitual o mostrar un interés diferente por la comida. 

  • Alteraciones del sueño: puede dormir durante más tiempo, descansar en lugares diferentes o tener dificultades para relajarse. 

  • Búsqueda de la persona ausente: puede olfatear los lugares donde su dueño pasaba más tiempo, esperarlo cerca de la puerta o buscar objetos que conserven su olor. 

  • Mayor necesidad de contacto: algunos animales se vuelven más cariñosos y buscan con mayor frecuencia la compañía de las personas que los cuidan. 

  • Aislamiento y menor interés por el juego: otros pueden mostrarse menos activos, refugiarse en lugares tranquilos o participar menos en sus actividades habituales. 

  • Vocalizaciones más frecuentes: los maullidos, gemidos o ladridos pueden aumentar en algunos animales, especialmente cuando se sienten desorientados o buscan atención. 

  • Inquietud o ansiedad: pueden aparecer signos de agitación, dificultades para quedarse solos o cambios en sus hábitos cotidianos. 

Estos comportamientos no indican necesariamente que el animal esté experimentando un duelo. También pueden deberse al estrés, a los cambios en su rutina o a problemas de salud. Si las alteraciones son intensas, persisten en el tiempo o van acompañadas de rechazo de la comida, conviene consultar a un veterinario para identificar la causa y valorar cómo actuar. 

¿Cómo ayudar a una mascota tras la muerte de su dueño? 

Cuando una persona fallece, la vida de su mascota también puede cambiar radicalmente. Además de perder a una figura familiar, el animal puede encontrarse en una casa diferente, con personas desconocidas y horarios que no conoce. Para ayudarlo a afrontar esta etapa, es importante actuar con paciencia y atención. 

Mantener una rutina lo más estable posible 

Los animales se apoyan en sus hábitos para orientarse en el día a día. Mantener horarios regulares para las comidas, el descanso, el juego y los paseos puede ayudarlos a adaptarse a los cambios. 

No obstante, algunos expertos también han propuesto modificar determinadas rutinas para reducir las asociaciones con la persona fallecida. Por ejemplo, se puede cambiar el orden de algunas actividades o introducir pequeñas variaciones en los paseos habituales. Otras recomendaciones veterinarias aconsejan mantener la rutina lo más estable posible, ya que la previsibilidad puede aportar seguridad durante un periodo de cambio. 

Por ello, no existe una estrategia universal: conviene observar la reacción de cada animal e introducir cualquier modificación de forma gradual, sin alterar innecesariamente todas sus costumbres. 

Si el animal tiene que trasladarse a otra casa, llevar consigo su cama, sus juguetes y sus objetos habituales puede facilitar la adaptación. También es recomendable mantener, al menos al principio, algunas de sus costumbres e introducir las novedades poco a poco. 

¿Quién se hace cargo de las mascotas cuando fallece su dueño? 

Además del aspecto emocional, existe una cuestión práctica que merece atención: qué ocurre con el animal cuando la persona que se ocupaba de él ya no está. 

Si hay familiares o amigos dispuestos a acogerlo, el cambio puede resultar relativamente sencillo. Sin embargo, no siempre existe alguien que pueda asumir esta responsabilidad y, en ocasiones, pueden surgir desacuerdos entre los herederos. 

En España, la legislación reconoce a los animales como seres vivos dotados de sensibilidad. Además, permite que el propietario establezca en su testamento quién desea que se haga cargo de su mascota tras su fallecimiento. Los animales no pueden ser nombrados herederos directamente y, cuando no existen disposiciones testamentarias, la ley establece mecanismos para determinar quién asumirá su cuidado, teniendo en cuenta su bienestar. 

Para evitar incertidumbres, es recomendable organizarse con antelación. Algunas medidas que pueden marcar la diferencia son: 

  • Elegir a una persona de confianza que esté dispuesta a hacerse cargo del animal. 

  • Hablar abiertamente con familiares y amigos sobre las propias intenciones y confirmar que la persona elegida está realmente disponible. 

  • Dejar información sobre sus necesidades, incluidos sus hábitos, alimentación, posibles tratamientos y los datos de contacto de su veterinario. 

  • Consultar las disposiciones testamentarias con un profesional, para dejar constancia de los propios deseos de acuerdo con la legislación aplicable. 

Planificar estos aspectos no significa centrarse en la muerte, sino asumir una responsabilidad hacia un animal que depende de nosotros. 

Conservar el recuerdo de quienes ya no están 

El fallecimiento de un dueño puede representar un cambio importante en la vida de una mascota. Aunque no podemos saber con certeza cómo comprende la pérdida, los posibles cambios en su comportamiento nos recuerdan la importancia de prestar atención a sus necesidades y garantizar que reciba los cuidados adecuados. 

Pensar con antelación en quién podrá hacerse cargo del animal significa proteger su futuro. Al mismo tiempo, para quienes atraviesan un duelo, encontrar una manera de conservar afectos personales, como fotografías, historias y momentos compartidos puede ayudar a mantener vivo el recuerdo de la persona fallecida. 

Hoy en día, también existen homenajes online que permiten reunir estos recuerdos en un espacio compartido. Con Cementerio Sanen, es posible crear un homenaje online dedicado a un ser querido y conservar fotografías y testimonios que cuentan su historia. 

Porque, aunque una persona ya no esté físicamente presente, su recuerdo puede seguir formando parte de la vida de quienes permanecen. Guardar esos momentos y compartirlos con otras personas permite preservar una parte de la historia que construimos juntos y mantener vivo el vínculo con quienes siempre tendrán un lugar especial en nuestra memoria. 

Noticias relacionadas